El cazador y el buen nazi Ph Juanjo Calafell 45

El cazador y el buen nazi, teatro necesario

Cuando se une una dramaturgia que trata con seriedad e investigación un tema doloroso pero necesario, dos excelentes actores sobre el escenario y una buena dirección, sólo puede dar como resultado un teatro que no te deja vacío, sino que te hace pensar, reflexionar sobre los sucesos que cambiaron el mundo y los que están pasando en la actualidad. Se trata de buen teatro. Y, por algo, ya van en su tercera temporada.

Todo esto sucede en casi la hora y media que dura El cazador y el buen nazi, obra escrita por Mario Diament –hay que destacar el inmenso trabajo de investigación que hizo–,  y dirigida por Daniel Marcove. Está todos los domingos a las 17 en el teatro Metropolitan (Av. Corrientes 1343). Con Jean-Pierre Noher (como el cazador) y Ernesto Claudio (como el buen nazi).

¿De qué trata la obra?

La obra transita el encuentro entre dos personajes reales, ambos vivieron el genocidio nazi, pero de veredas diferentes. La historia sucede un día de mayo de 1975,  en la oficina del famoso cazador de nazis Simón Wiesenthal, en Viena. Simón es un sobreviviente judío, que tras haber estado prisionero en el campo de concentración Mauthausen-Gusen durante la Segunda Guerra Mundial, dedicó la mayor parte de su vida a localizar e identificar criminales de guerra nazis fugitivos para llevarlos ante la justicia. Un visitante muy particular y siniestro llega a una reunión, nada menos que Albert Speer, el ex arquitecto y ministro de Armamentos de Hitler, condenado en los Juicios de Núremberg a veinte años de prisión.

A partir de este encuentro comienza a tejerse una especie de juego en un interrogatorio que busca desenmascarar verdades. ¿Qué tan inocente es Albert, qué tanto conocía de lo que sucedía en los campos de concentración? Con un ida y vuelta, un contrapunto de diálogos punzantes, donde el trabajo de los actores hace creíble a sus personajes, se va llegando a un punto sin retorno, con una trama que habla de la responsabilidad, y la justicia, pero también de la mente de los psicópatas.

Son muy emocionantes las palabras que Noher al final de la obra, que luego de los aplausos dirige al público, ya en su propia piel, sin el personaje de Wiesenthal, haciendo alusión a su  historia personal.

¿Por qué verla?

El cazador y el buen nazi  es una obra imprescindible, no solo por dramaturgia, su brillante actuación y dirección, sino también porque preserva la memoria de las víctimas del Holocausto. El teatro, en su capacidad única, revitaliza la conciencia colectiva sobre este genocidio que marcó la historia mundial.